en Protección de Datos Personales

Cuando creamos o subimos contenidos a las plataformas de Internet y a la nube en general, así como cuando usamos aplicaciones de teléfono móvil como chats, redes sociales, servicios digitales de edición y otros tantos análogos, dejamos una impronta digital.

Esta impronta digital a menudo sirve para hacernos identificables. Sería el caso de subir fotos a redes sociales, publicar opiniones en ellas o dejar comentarios en blogs o foros públicos o privados.

En la terminología digital se denomina “huella digital” y, a través de la misma, las entidades succionadoras de datos mediante Big Data construyen inmensos expedienes sobre nosotros.

Tales entidades conviereten estos expedientes en perfiles de evaluación según los parámetros de interés y se venden e intercambian con otras entidades para calificarnos, ubicarnos o discriminarnos.

En Inglés el concepto de huella digital suele expresarse como “Digital fingerprint” o “Digital footprint” aunque a veces no es del todo preciso y debe hablarse, más bien, de otro concepto yuxtapuesto y más amplio aún como es la “Sombra Digital” y sobre la que comentaremos en otro post.

Los padres son muy proclives a construir perfiles digitales a sus hijos. Perfiles que ellos no han solicitado. Lo hacen subiendo fotos a las redes sociales, compartiéndolas en chats con puertas traseras como Whatsapp o bien ofuscados como Telegram.

Esta actitud irresponsable de los padres va en contra de los derechos del niño y a su desarollo personal, puesto que, hoy en día, pueden llegar a tener un perfil digital en silos de datos de terceros solamente con lo que han compartido sus progenitores. Y todo sin el permiso del niño y sin contar con él.

La “huella digital” de cada persona es algo a cuidar en extremo. Sirve a los empleadores para descartar candidatos, por ejemplo. Puede penalizar un proceso de selección para formar parte de las Fuerzas Públicas si se encuentran contenidos subidos a la red que sean contrarios a los requerimientos. También pueden servir para que los procesos de selección, que disponen de tantos datos nuestros sin que lo sepamos, usen algoritmos donde nos descarten ante determinadas informaciones. Es decir, en realidad, están almacenando datos de salud – sicosociales – sobre nosotros, sin nuestro permiso, que luego limita nuestras opciones, intereses y derechos.

Tu privacidad es como un tamagochi y necesita que la cuides. De momento, toma conciencia de que la huella que dejas es aprovechada por otros en tu perjuicio.